EL CONTRATO

EL CONTRATO

Por T.P. Ahumada

1

Después de tres años la observa como si fuese la primera vez.

—Te amo Kalanit.

—Te detesto Tadeo.

Prudente, en silencio, Tadeo clava su mirada en la tasa humeante cargada de té verde. Al parecer, —medita dubitativo— las cosas no marchan bien en la pareja.

2

Una casa bien dispuesta en el barrio fortificado de Monserrat, techos a dos aguas, desniveles, pileta subterránea, la asistencia permanente de un arcabot en buen estado, una citronave modelo 2CV de despegue vertical para ella, una bicicleta para él, las cuentas al día, pero ahora duermen en habitaciones separadas. Kalanit en el dormitorio nupcial, Tadeo en la piecita de arriba, la del televisor a válvulas.

Él se enamoró de ella a primera vista, a ella le ocurrió otra cosa.

3

Tres años atrás, deprimida y a punto de perder su trabajo, Kalanit Montiel apoya su mano en el palmetoscopio de “Grandes almacenes Odeón SRL”. El artefacto demoró un largo minuto en verificar la situación crediticia de la potencial cliente para finalmente habilitarle el ingreso al Mercado de Conyugues.

Su primera impresión es negativa. En lugar de una unidad de carbono la atiende un arcabot.

—Le recomiendo no superar el cubil 31, de él en adelante su situación crediticia no le permite adquirir nada.

Un pasillo largo lleno de peceras que aquí llaman cubiles. Una amiga le recomendó el sitio describiéndolo como un lugar de gangas.

4

Arquitecta, Kalanit Montiel disfruta de calificaciones máximas, maestrías, tecnicaturas, un doctorado en diseño retro ecológico y por allí anda su vida como ya extinta. Esos malditos arcabots. Su firma acaba de adquirir un invaluable Gropius Bauhaus 3 puesto a nuevo con piezas originales. Su departamento, el continuo, el siguiente y el de la esquina, se volverán recuerdo cuando los técnicos importados de Kiev finalicen la puesta a punto de ese hombre de hojalata.

5

Avanza tímida, contemplar a todos esos hombres desnudos la ruboriza. Para colmo no encuentra nada satisfactorio hasta alcanzar el cubil 23.

Presiona un botón azul y la ficha técnica del sujeto se despliega en la pantallita de cuarzo líquido. Un licenciado en Filosofía. Le ordena ponerse de pie. Estudia el frente, la espalda, los dos perfiles. Nota la panza, las canas, esas nalgas ruinosas producidas por un sedentarismo a ultranza. La arquitectura y la filosofía siempre se han llevado bien, pero poner en estado a este sujeto saldrá el doble de lo que cuesta él.

6

Kalanit Montiel dista bastante de volverse un desecho humano. Gimnasio, temperamento duro, no es la reina Hipólita, pero si una amazona urbana.

Abocada a su profesión ya fracasó en la pareja. Probó con ellas y ellos. Las ellas no eran lo suyo mientras los ellos emancipados siempre acabaron volviéndose odiosos, absorbentes, caprichosos, demandantes.

Entre sus amigas varias le propusieron amancebarse con un barón obediente por contrato.

7

Descartado el filósofo y ya perdido el rubor de la vergüenza, Kalanit Montiel se toma su tiempo analizando a cada uno de sus potenciales maridos. Alcanzado el numeral 31, regresa al 29.

Tadeo Policarpo no es un licenciado, pero está en forma y es menor que ella. Cabellos negros, ojos azules, nota que la está mirando con un asombro dulce.

—Me llevo a este.

—Excelente compra… —afirma el arcabot de manera mecánica— …ahora sígame, debe firmar el contrato.

Sera una adquisición por cinco años y una hora, “Grandes almacenes Odeón SRL” garantizara la salud del individuo por todo ese tiempo; en cuanto a devoluciones, esta opción no existe.

8

Tadeo Policarpo jamás imaginó ser adquirido por semejante mujer. No distingue grasa deformando su cuerpo ni pinturas prolijeando cejas o uñas marchitas. Nota un delicioso detalle en su labio inferior y se convence de estar enamorado.

Desde ofertada su mancebía siempre se imaginó satisfaciendo a una Ella arrugada, a una Ella obesa o a una Ella insípida. No será así.

9

Sancionada la Ley Vandor, un cambio radical ocurre en Periferia 4 afectando la realidad de Kalanit Montiel. Al entrar en vigor, las funciones laborales de los arcabot quedan restringidas a puestos estatales o domésticos. La insana competencia entre unidades de carbono y hombres de hojalata ha terminado.

Desaparecido el peligro del Gropius Bauhaus 3, la arquitecta es primero ascendida a jefa de equipo, luego a coordinadora de sección y, antes de finalizar ese año, a directora de departamento. Ya no hay techo, la carrera del progreso individual está abierta otra vez y Kalanit no duda en morder, arañar o pisar con tal de alcanzar la cima.

Adiós depresión, adiós vivir en esa mega torre superpoblada, adiós Tadeo Policarpo.

10

A sus ojos, Tadeo Policarpo es un monumento al error; un testigo odioso de cuando habitaba esa pocilga sin posibilidades de llegar a ningún lado. Y todo eso, menos él, ya es pasado. Ahora vive en un barrio fortificado, dispone de una citronave de despegue vertical, en tres años, su firma la convirtió en socia.

—Hasta aquí llegamos Tadeo, te libero, junta tus cositas y ándate… Ya no te quiero en casa… Vía, Tadeo, vía…

11

Otra crisis nerviosa y van seis esta semana. Sin embargo, ante cada desaire, Tadeo la ama un poco más.

—Hablemos.

—Yo ya hablé Tadeo.

—Vos sí, pero yo no… Todavía nos quedan dos años con treinta y seis minutos para que expire el contrato…

—Pienso rescindirlo…

—La indemnización te va a dejar sin esta casa… —alecciona Tadeo.

—Tengo ahorros.

—No te alcanzan… “Grandes almacenes Odeón SRL” no ofrece planes de pago en cuanto a indemnizaciones… Lo sé muy bien —sostiene Tadeo.

Y aunque no lo admita Kalanit Montiel también lo sabe todo sobre como la dejaría arruinada el deshacerse de esa bolsa de papas.

12

Contratar a un sicario es fruto de un impuso desesperado, sin embargo, le han comentado que “Néstor” es muy bueno en su trabajo.

El automóvil atropella la bicicleta cuando volvía a casa por la avenida María Eugenia Lechic, —ex 9 de Julio—. El equipo resucitador no logra rescatarlo de la muerte mientras el conductor del “escarabajo” es un arcabot fugitivo con demasiados repuestos tallados en madera y un cerebro positrónico casi frito.

13

La viuda, esplendorosa en su trajecito negro, organiza un ágape funerario donde faltan las lágrimas y sobra el caviar. Amigos y enemigos fueron invitados a la fiesta precedida por esa urna ocupada con las cenizas de Tadeo Policarpo.

—“Grandes almacenes Odeón SRL” le da su pésame señora Montiel —afirma un hombre gordo incomodando a la viuda—soy el “solucionador” de la firma. Necesito hablar con usted.

—¡Estoy de luto!

—Lo sabemos, pero esto es importante, no puede esperar —afirma el “solucionador”.

14

Perturbada, Kalanit Montiel lo conduce hasta un apartado imaginando lo peor, evidentemente, “Grandes almacenes Odeón SRL”, sospechan de un asesinato.

El hombre gordo, la interroga con su voz asmática anotando las respuestas en una libretita de tapas azules. Todas simulan ser preguntas banales y eso realmente la asusta, Kalanit ha leído sobre la eficacia de esos esquemas fraguados en los laboratorios de psicología forense.

—¿Entonces, la incineración del cuerpo estuvo a cargo de la policía?

—Así es.

—¿Solicitaron su autorización?

—Si —responde inquieta la viuda.

El hombre gordo frunce el ceño. Le hecha una ojeada al rostro tenso de Kalanit, expulsa un soplido cansado y comienza a hablar.

—No debió dar ese permiso, las estipulaciones del contrato son muy específicas, ahora usted y nosotros estamos en un brete. No, no se asuste, “Grandes almacenes Odeón SRL” no pretende entrar en legales, para eso estoy yo aquí, el “solucionador”.

El escote, la minifalda, los tacos aguja, la felicidad, su piel morena tostada en la cama solar y este hombre gordo lo está echando todo a perder.

—No se altere, hice bien mis deberes, y he encontrado una cláusula que nos beneficiara a ambos.

Tras dar una larga explicación el hombre gordo se pone de pie, le estrecha la mano a la viuda y desaparece de su vista.

15

El hombre la observa avariciando su rostro.

—Te amo Kalanit.

—Te detesto Alberto.

“Grandes almacenes Odeón SRL” le ha enviado un remplazo responsable de finalizar el contrato que Tadeo Policarpo no supo concluir. Ahora faltan un año, once meses, siete días y quince minutos.

TP Ahumada, relato extraído de  “Nuevas crónicas de Periferia 4”.


 Si te gustó este post, compartilo en tus redes para que más personas puedan conocerlo, conocer es compartir 😉 

¿Te gustó este contenido?

Tags from the story
, , ,