BURRADAS

burradas

Por Luz Brandan

Mire, Doña Horme, desde que nació la Nati que a mí me decían que iba a ser una burra.  Yo nunca creí que fuera cierto, pensaba que me lo decían de envidiosos, lo que la Nati era tan bonita de bebé. ¿Usté se acuerda que vivía ojeada de tanto la miraban de chica, que la llevaba a curarse a lo de Doña Porota? Y Doña Porota también me había dicho que la Nati iba a ser burra. Yo no les presté atención hasta que una mañana nos levantamos con la Cari y no la encontramos en la cama. Había un desparramo en la casa, pensamos que la Nati se había ido temprano a hacer alguna cosa. Cuando fui a poner la pava, vi por la ventana que un burro me estaba comiendo las granadas. Salí corriendo con la escoba y le metí con toda en el lomo. El animal pegó un relincho Horme, no sabe. Pero se quedó mirándome, como si me hablara.  Relojeo el patio y veo el camisón de la Nati todo hilachas colgando de la Santa Rita. Solté un alarido que la Cari se vino corriendo. Llorábamos abrazadas preguntándonos que había pasado. El animal nos miraba manso, se acercó y nos arrimó el hocico, tenía las mismas pestañas, no cabía duda: era la Nati que se había convertido en burra.

Y vio, Doña Horme, que a los hijos se los ama sea lo que sean, pero la verdá a veces es difícil con la Nati de esta forma, por algo una tiene los hijos de la misma especie.  Por empezar se me escapa siempre por el patio.  Vio que la parte de atrás yo nunca la tapié, como da al Liceo Militar ¿quién se nos iba a meter en la casa, no?  El único cuidado que tenía era que las chicas no anduvieran en bombacha cerca de las ventanas, porque los soldados estaban todo el día espiando la casa para verlas.  Pero el barrio ya no es el de antes, ahora que está asfaltado, hay muchos más autos circulando. ¿Quién hubiera imaginado, Horme, que íbamos a tener semáforo en la avenida?  Todo un peligro para una hija burra como la mía. El tema cuando se escapa son los destrozos que hace. Ahora se le dio por las rosas, así que le anda comiendo los rosales a todo el vecindario. Aunque eso es lo de menos, el otro día se metió en el Supercoop de la vuelta y en la góndola de galletas se comió todas las Criollitas que había, que a la Nati siempre le gustaron más que las otras. Ni los guardias, ni los repositores la podían sacar. Me vinieron a buscar furiosos que la sacara urgente o la cagaban de un tiro.

Peor la otra vuelta, que la hermana se iba al centro y se quiso subir con ella en el 119. Imagínese semejante animal, el colectivo no está preparado. Encima que ahora se empaca más que antes, tenía medio cuerpo adentro. No la podían sacar de ahí y el chofer no podía arrancar. La Cari le pedía por favor que le deje de hacer pasar vergüenza, pero la otra nada, seguía ahí. Los otros pasajeros se empezaron a enojar. Una vieja que estaba en el primer asiento la pinchaba con una aguja de tejer y otros la empujaban para afuera. Así como quince minutos hasta que salió, pero se quedó enculada. Después lo siguió al trote al 119 como seis paradas. Le metía cabezazos a la puerta en cada semáforo que paraban. Un peligro ¿Me entiende, Horme?

Otro miedo que me da son los chicos, porque ésta es grandota y anda bruta. De la avenida Alfonsina Storni, agarra al galope la bajada a toda velocidad. ¿Y vio que los de Ochoa y los de Ciancia están todo el día jugando en la vereda? Pero ya lo tienen ensayado, cuando la ven venir embalada se tiran cuerpo a tierra en el jardín de Godoy como le han visto hacer a los soldados. A mí me da lástima porque  que la Nati será lo que será, pero es incapaz de dañar una criatura. La rubiecita más chica de Ciancia, estaba  el otro día con los patines puestos y no logró disparar como los otros. Se trepó a una reja y se largó a llorar desesperada. La Nati que venía a todo trote, la vio a la chiquita asustada y se frenó, se le acercó y le lamió las trenzas para calmarla. La chiquita chillaba como chancho al matadero agarrada a la reja. Por el miedo metió la cabeza entre los barrotes y se quedó enganchada, peor que peor como gritaba. Los otros chicos, por defenderla, le empezaron a tirar piedras a la Nati para que se aleje. Y ya le dije como se pone bellaca la burra, mientras más la apedreaban más le lengüeteaba la cabeza a la chica. Hasta que el mayor de Ochoa ¿vio que es más despabilado? se le colgó de la cola. La otra, que no deja de ser una señorita, se ofendió tanto que si hubiera tenido manos, le mete un cachetazo por atrevido. Pero la Nati orgullosa, se volvió para la casa. Diga que con los lengüetazos que tenía en el pelo, no les costó nada desencajar a la chiquita. Pero desde ese día que los vecinos le agarraron más bronca a la Nati. Cuando salgo a hacer las compras me ruegan que la mande de mi hermano en Cruz del Eje. Eso no puede ser, porque mis hijas van a vivir conmigo hasta que se casen.

Y esa también fue otra parte difícil, Doña Horme, diga que ayudó bastante la Cari que para eso es compinche con la hermana. La cosa era como le explicábamos al Cucú lo que le había pasado a la novia. Pero la Cari le hablo con el corazón contándole toda la verdá y el Cucú que siempre la quiso con locura a la Nati le creyó cada palabra. Así que enseguida pidió verla. Lo acompañamos al patio y viera Horme ¡que escena más tierna de enamorados! Él se le colgó del cogote y ella le lamía la cara, él le acariciaba el lomo y ella le fregaba el hocico por el pecho y eso durante un rato que se iban poniendo más acaramelados. Encima estaba el ciruelo todo florecido, viera, parecía una película del cine. Con la Cari nos metimos en la casa para dejarlos solos y que se entiendan.

El noviazgo sigue como si nada, no le digo que el Cucú le pide la F100 al tío para ir al baile. La hermana la adorna un poco y le acomoda algún lindo trapo que le tape la verija y entre los dos la suben a la parte de atrás de la camioneta. Eso sí, le atan las cuatro patas con sogas, porque si en el viaje la Nati ve algo que le llame la atención, es capaz de tirarse, la cuidan de eso. Cuando llegan al baile, la Nati se queda toda la noche al lado del Cucú que le enseñó a bailar en dos patas. Dicen que la gente se muere de risa al verlos, pero a ellos no les importa. La verdá Horme, a mí me gustaría que la Nati se case con el Cucú aunque cuando la hija se convierte en burra, ya una no se hace tanta ilusión de nietos. Si los chicos salen a la madre, dios me perdone, pero ¿quién los aguanta?

Luz Brandan 21/04/2015

 

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