EL AFORTUNADO DESTINO DEL INFAME CAPITÁN JENKINS.

piratas

Protagonistas de aventuras, enfrentamientos legendarios y temerosas hazañas; los piratas merecían tener su relato a cargo de nuestro escriba dominical.

Por TP Ahumada

1

La barba, la pipa, un estrago en el brazo izquierdo causado por un sable alemán durante aquel abordaje irregular. Era una goleta apenas armada y él no debió estimular a sus hombres para cometer esa masacre. Un par de cañonazos de advertencia habrían bastado para que los alemanes la abandonaran en sus botes, pero no fue así.

2

Su sangre. Allí radicaba el problema. Por sus venas corría esa historia roja iniciada en los tiempos de Sir Francis Drake. Generaciones y generaciones de Jenkins se sucedieron hasta alcanzarlo a él. Nunca le había ocurrido, pero aquí, en estos mares lamidos por el Pacífico, simplemente su carácter se volvió infame.

3

La goleta alemana no tenía posibilidad alguna frente a la cañonera acorazada del capitán Jenkins. Quizás provenían del Archipiélago de Bismark, o tal vez de las islas Marshall. El capitán de la goleta era marino, su tripulación no.

4

Algunos galones de la Royal Navy, la marinería malaya y de repente, el abordaje. El capitán alemán lo marcó con su espada y en respuesta, el capitán Jenkins lo abatió de un disparo volviendo al oficial rubio pelirrojo.

5

Hoy, al amanecer, otro velero enarbolando el pabellón del Imperio Alemán.

—Señor Beckham… Aliste a los hombres, lo abordaremos a sangre y fuego…

6

Nuevo abordaje. A los malayos no les disgusta despachar europeos pero el capitán Jenkins va más allá.

—Coloquen la tabla.

—Pero, señor capitán —protesta el teniente Beckham.

—La tabla he dicho.

Invadido por una perversión absurda, el capitán Jenkins ha ordenado echar cebo por la borda y allí ya están las aletas escualas merodeando al buque.

7

Remaches contra clavos; calderas contra velas. Los sobrevivientes caminan la tabla, casi todos técnicos de la Siemens o colonos, todos ellos vueltos marinos de emergencia.

8

Puertos, cantinas, el rumor se expande y la leyenda del infame capitán Jenkins echa raíces.

Por el momento, semejante historia sirve bien al almirantazgo británico, inhibe al enemigo mientras la Gran Guerra no tiene visos de terminar, no obstante, cuando al fin concluya, estas aberraciones se volverán vergüenza.

9

—Cuéntenos, capitán Jenkins, porque estas muertes tan innecesarias.

—Rigores de la guerra, señor.

Una respuesta corta y convencional ocurrida en ese consejo de guerra a puertas cerradas.

—Conocemos todo su actuar salvo el motivo de sus decisiones… abordajes sangrientos… ordenar colocar la tabla… arrojar prisioneros por la borda… ¡Por Dios, capitán, estamos en el siglo veinte!

El infame capitán Jenkins está preparado para el peor veredicto. Desde los tiempos de Sir Francis Drake muchos de sus ancestros lo han padecido.

—Merece la horca, pero lamentablemente no podemos dar ese veredicto, resultaría como aceptar que la armada británica realizó los mismos crímenes de guerra de los cuales ahora acusamos a los alemanes.

10

El trópico, una costa en rebeldía; algún príncipe, reyezuelo o caudillo alzado contra un imperio y aquí está el capitán Jenkins traficando armas o atracando buques.

Ya no comanda una cañonera acorazada, sólo un junco sin bandera. Su segundo de abordo apenas conoce tres palabras del idioma inglés, mientras sus malayos todavía son fáciles de alentar, cuando a bordo de la nave enemiga viajan europeos.

Fin

Podés completar la lectura escuchando…

Extraído de: “Historias verdaderas de marineros falsos”.


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