EL JUEGUITO

el jueguito

Un estudiante se cruza con un viejo misteriosa que parece estar obsesionado con algo llamado «el jueguito». Descubrí de qué se trata el nuevo relato de nuestro escritor dominical.

Por TP Ahumada

 “No dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar”
George Bernard Shaw

Capítulo 1

Vuelvo de la facultad y lo veo, está apoyado en el sauce plantado sobre la esquina de Pirán y Alberti; es tarde incluso para él. Cada tanto bajamos juntos del tren; él vuelve de la capital después de matar el día en algún club de ajedrez, yo de la Universidad de Morón. Más que viejo es un hombre antiguo. Traje, chaleco, corbata, en tiempos de celulares lo he visto consultar la hora en un reloj de bolsillo, andará por sus ochenta.

—¿Se siente bien?

Niega con la cabeza, la diestra indecisa entre presionarse el pecho o calmar el dolor que atormenta su brazo izquierdo. Lleva los zapatos lustrados al charol.

—Tranquilo… Estoy llamando al 911.

Capítulo 2

Algunas veces compartimos barra en el bar de La Vitrola; allí se junta con un amigo, beben whisky y siempre, más tarde o más temprano, abordan un tema muy de ellos: el jueguito.

—Lo pusimos en “difícil”… yo la próxima lo pongo en “fácil”…

—Te vas a aburrir…

—Quiero aburrirme de pasarla bien…

Capítulo 3

En quince llegará la ambulancia, busco algún lugar donde sentar al viejo, pero ya no existen parecitas libres de rejas.

—¿Llamo a su casa?

El viejo niega. Tiene la boca seca y la saliva espumosa; quiere decirme algo, pero no puede. Finalmente, sus rodillas flaquean y yo lo auxilio a sentarse a los pies de ese sauce llorón.

Capítulo 4

La primera vez que los escuché hablando del jueguito me resultó inevitable prestarles atención. Ninguno de los dos ancianos tenía edad siquiera para haberse enfrentado a una antediluviana consola Atari. En sus tiempos, billar, naipes y quizás un metegol.

—No te quejes más…

—Para vos es fácil… viviste en Australia… yo quería viajar y ni siquiera crucé el charco… —afirma el viejo refiriéndose al Río de la Plata.

—No lo sabemos jugar… ese es el problema… arrancamos poniéndolo en “difícil”… Yo viví en Australia y que hice… Me volví…

Suena a una conversación expresada en clave. De escucharlos comprendo que el “jueguito” es una especie de metáfora, una entelequia a la cuál recurren para hablar de sus vidas. Si algo sale mal o bien siempre es por obra y gracia del jueguito.

Capítulo 5

Estoy nervioso. No escucho la sirena, imagino que le está dando un infarto, pero no lo sé y tampoco conozco con exactitud donde vive o con quien. Siempre andamos solos cuando nos cruzamos y el bar de La Vitrola no es referencia, la gente llega de lejos para acodarse en su barra.

—Ya vienen —miento en la noche.

La mano temblorosa del viejo atrapa la solapa de mi campera. Con sus desfallecientes fuerzas me obliga a reclinarme sobre él y entonces escucho sus últimas palabras.

—Game over.

Extraído de “Ultramundo”.

Todas las imágenes de está publicación son pertenecen a Pixabay.

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