IMPACIENTES

impacientes

A  veces lanzar la moneda nos es la mejor solución para esquivar problemas con la siniestra justicia, descubrí un nuevo relato de nuestro escritor dominical.

Por TP Ahumada

1

Ambos sabemos que está ocurriendo, dos ya están muertos, falta el tercero. Lo comprobamos hace años, por estas latitudes, la guadaña siempre los cosecha de a tres.

2

—Lancemos la moneda.

—¿De qué sirve?

—¿Cara o seca? –insiste Omar.

Elijo cara y sale seca. Pierdo.

3

Su método de elección es rebuscado. Siempre elige a tres que no necesariamente se conocen entre sí. Su foco de atención —el de la parca— está puesto en el deudo, en quien padecerá esas ausencias. Es él quien define a los tres elegidos. Él, y no ellos, debe conocer a los miembros de la triada. No obstante, en esta ocasión…

4

—Y… ¿qué tal?… ya arreglaste tus asuntos… mirá que perdiste…

Tanto Omar como yo nos tomamos muy en serio este tema. Somos supersticiosos, aunque al asunto de los tres muertos creemos haberlo validado científicamente.

—Ya sé qué perdí… —contesto con fastidio—, y no… no arreglé mis asuntos… si me muero me muero y chau.

Lo singular en esta ocasión es que, en lugar de un solo deudo, de un solo nexo entre los muertos, hay dos; y según comprendemos, esto no es posible, uno está sobrando.

5

Ya es jueves, el tiempo se acaba, lo hemos vuelto a revisar todo y no hay caso, el tercero es él o yo.

—Sólo llamaba para ver como estas.

6

Sábado por la mañana, está lloviendo, recojo la bolsa, salgo de casa con rumbo al supermercado, mientras cruzo la calle veo al Impala de colección, levanto la mano para saludar a Omar y este acelera.

7

Ante el juez lo explicó todo. La muerte que siempre elige a tres, el jugarnos a cara o seca el librarnos de ocupar esa vacante, mi terca insistencia en no morirme.

—No señor, usted no está loco, aunque pretenda parecerlo, le va a tocar la cárcel; siete testigos lo vieron acelerar mientras su amigo lo saludaba…

Cerrado el caso y librada la sentencia el juez se encierra en su despacho. Extrae de su bolsillo una moneda y la apoya sobre el escritorio, está esperando a un amigo de toda la vida, la parca ya se ha llevado a dos y quedan dos para ocupar el tercer puesto. Del interfono brota la voz de su secretaria…

—Señor juez, acaba de llegar su amigo Esteban.

—Que pase, tenemos asuntos que tratar.

TP Ahumada. Extraído de “Ultramundo”.


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