KIM, EL PRIMER CONTACTO

primer contacto

Nuestro escritor dominical nos trae un nuevo relato de ciencia ficción con reminiscencias de Ray Bradbury, Isaac Asimov y Ursula K Le Guin. Hay descubrimientos, hay familias y hay robotes…

Por TP Ahumada  (con la colaboración de Surak Billoni)

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Apoya la cámara sobre el trípode de suspensión gravitatoria, toma las espectrografías y la encuentra. Una capsula del tiempo muy antigua. Quienes la ocultaron no imaginaron al Ministerio de Arqueología descendiendo en el planeta.

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Revisa los datos atmosféricos, se quita la escafandra, su mirada andrógina es azul y el traje aparatoso, como si en vez de pisar la Tierra hubiese descendido en Mercurio.

Constata la no presencia de seres periféricos, ninguna unidad de carbono humana anda curioseando por las sierras.

Les teme, son peligrosos y junto a Kim sólo hay soledad.

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Le costó mucho obtener los permisos, de hecho, ni siquiera estaba en el sistema solar cuando se los entregaron.

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Activa al “excavador”, una esfera del tamaño de una bola de billar de la cual surgen tentáculos. No quiere arruinar la experiencia, es el primer contacto después de siglos.

La capsula esta sepultada a unos cientos de metros de la superficie, el “excavador” actúa rápido, la misión acabará en pocas horas.

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Un viento húmedo le golpea el rostro. Esto es raro porque todo está ocurriendo en el “Desierto de Piedra”. Kim lo disfruta sin distraerse.

Existe una política de tolerancia cero en cuanto a establecer contacto entre periféricos y centrales unionistas. Los “caóticos” ni siquiera saben cómo evolucionaron los humanos al otro lado de la Línea Naranja. Ignoran que ya no existe diferencia entre sexos, allá todos son “él y ella”. El sistema reproductivo se volvió bisexual; las circunstancias adaptan los roles de la copula.

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La sepultaron a finales del siglo XXI. Ciertos científicos de vanguardia desarrollaron un mito: “La tecnología psi”. Los conglomerados de estados centrales prohibieron de inmediato esta sabiduría, intentaron apropiarse de ella, pero no lograron obtener nada de lo investigado.

Kim ha trabajado toda su vida especializándose en “arqueología comparada”. Otros planetas, otras civilizaciones, más no encontró nada igual a esta leyenda.

—No podemos bajar a esa parte del planeta… ya se intentó con robotes y fue el caos…

Aquello era una triste verdad. Apenas una semana buscando y los robotes dejaron de reportarse.

Se sabe que después de esto, en las periferias, estalló la “Segunda revuelta arcabótica”.

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Falta poco. El “excavador” esta por alcanzar la capsula. En verdad lo buscado no guarda la forma de una capsula, desde siempre en el ministerio de arqueología la han denominado así, pero en verdad, son instalaciones llenas de habitáculos y pasillos, encerrados todos en una pirámide de base cuadrangular.

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Una luz roja se enciende en su muñeca. Se coloca el casco astronáutico, activa la visibilidad tridimensional de largo alcance. Son cinco, dos masculinos, tres femeninos. En las periferias, la evolución morfológica sólo es quietud. Apenas si ya dejaron de nacer con sus muelas del juicio.

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El “excavador” alcanza la punta de la pirámide. Kim lanza las cinco esferas azules; ellas se encargarán de remover la estructura para desplazarla hasta Base Orbital Pershing.

Siente miedo. Los sabe peligrosos y avanzan directo hacia ella.

—Asumes un riesgo demasiado alto… Ya lo sabes…

Si, lo sabía, pero ahora está aquí. Primer descenso y la han encontrado. Si no logra eliminarlos deberá autodestruirse; para eso es la bola amarilla.

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Un agujero de apenas quince centímetros de diámetro, el “excavador” no necesita más espacio para realizar su trabajo y Kim no le ordenó generar un hoyo de acuerdo a sus propias proporciones. Un rostro andrógino, metro noventa de altura, la delgadez imperando en sus formas.

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Trescientos metros, doscientos metros, ciento cincuenta metros. No existe donde ocultarse, son todas piedras planas pegadas al suelo. No entiende bien cuáles son las intenciones de esas cinco unidades de carbono periferianas. Su ciencia es la arqueología, no la guerra, pero este descubrimiento, este hallazgo…

Suelta la bola negra.

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Después de tanto al fin vacaciones, los Varela viven en ciudad Córdoba y desde hace rato planearon este viaje. Una excursión al “desierto de piedra”, acampar, las noches tan llenas de estrellas, el rigor de lo salvaje. Mamá, papá, Juan de doce, Liliana de once y la pequeña Estela.

Mochilas, alegrías, la infaltable canasta de viandas y de repente eso.

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Le cuesta mucho pulverizarlos, pero no llora, la ciencia va primero.

La “esfera negra” no es un robote. Siempre una unidad de carbono debe manipularla y quien lo hace es absolutamente responsable ante la Santa Confederación de Planetas.

—Solicitando extracción.

Tiemblan sus labios, cierta luz siempre presente en sus ojos azules ya no brilla.

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Como de costumbre las esferas hicieron bien su trabajo. La “capsula del tiempo”, la pirámide, es robada de Periferia 4 para acabar en Base Orbital Pershing donde todo un equipo del ministerio de arqueología verifica que en ella no existe nada importante. En cuanto a Kim, la corte civil y la acusación de asesinato.

Un castigo ejemplar, tres meses en Penal Orión con opción a salir de forma condicional tras dos días de buen comportamiento.

Un trago amargo, Kim no nació para manipular una “esfera negra” pero tuvo miedo, esos cinco periféricos, sin dejar de avanzar hacia su excavación arqueológica; ¿Qué otra cosa que fastidiar la extracción podrían querer hacer?

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De un lado las periferias, del otro la unión de conglomerados centrales. Cientos de años andando por distintos caminos. Allí, en el lado prohibido de la Línea Naranja, en lado lindo, el concepto de familia y vacaciones, desde hace mucho dejó de existir.

TP Ahumada. Nuevas Crónicas de Periferia 4.

Podés completar la experiencia escuchando…


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