LA CARRETERA

la carretera

Como el protagonista de nuestra historia, todos soñamos alguna vez con viajar al futuro, ¿pero estaremos preparados para afrontarlo? Descubrí cómo la pasa nuestro personaje en un nuevo relato de nuestro escritor dominical.

Por TP Ahumada

 “Usted no puede moverse de ninguna manera en el tiempo,
no puede huir del momento presente”
HG. Wells, “La máquina del tiempo” (1895).

 

Episodio 1

Le debo la visita y aquí estoy. La piecita, —él lo llama laboratorio— queda detrás del limonero, justo donde antaño estuvo el gallinero. Abre la puerta y veo eso, un alboroto de tubos, alambres, bobinas, calderas y bujías.

—Tardé, pero conseguí todo a precio de ganga o sin pagar… Puro reciclaje…

Activa la llave de luz y las válvulas de un viejo televisor comienzan a encenderse.

—¿Ya la probaste?

—No.

Episodio 2

No es Tesla, no es Einstein, no es Turing. Un golpe en la cabeza lo volvió amante de la física y las matemáticas, de manera desordenada incurrió en estas disciplinas e ingenuamente concibió su idea.

—¿Qué época elegiste?

—El futuro, por su puesto… Mira…

Jira el dial del televisor a válvulas, luego manipula una vieja radio Spica, presiona un botón a resorte y unas aspas salidas de quien sabe qué cosa comienzan a girar.

—Hoy me voy y a vos te toca ser mi testigo… Cien años en el futuro… Quiero ver robotes…

Episodio 3

Mientras controla la presión de una caldera las ganas de huir me asaltan con fuerza. No tengo deseos de ver como mi amigo se achicharra en el interior de esa cabina improvisada con el chasis de un “ratón” al cual los años le comieron sus tres ruedas.

—2.095; si tengo suerte me quedo a vivir allá.

Ya no le presto atención, mis ojos están clavados en esa caldera provista de un manómetro descompuesto.

—Magnifica, verdad… se la compré a un botellero por chauchas y palitos…

Episodio 4

Y ocurre lo que temo. Está midiendo la presión a ojímetro. Un remache se dispara rozándome la mejilla. Asustado, acorralado por todo ese cambalache tengo la mala idea de cobijarme en ese microcoche convertido en cabina.

—¡Qué haces!

Episodio 5

Me despierto. Estoy vivo. El “ratón” cuenta con una única puerta y está ubicada en su frente, —el volante pegado a ella—. La abro, salgo, no queda nada de la casa de mi amigo, tampoco hay huellas del Barrio de las Naciones, todo es campo yermo salvo un puente peatonal y esa carretera que se pierde en el horizonte vacío.

Es el futuro, no tengo dudas. El loco lo logró. Su famoso golpe en la cabeza en verdad dio frutos. Semejante invención y mañana llegaré tarde al trabajo.

Episodio 6

La carretera está en buen estado, renuncio a usar el puente, miro a la derecha, miro a la izquierda y la impronta de un punto avanzando por ella se dibuja en sus confines. Decido cruzarla, pasarme a la mano de enfrente para visualizar mejor al vehículo.

Un paso, dos, el ruido de una frenada y el golpe.

Episodio 7

—No es mi culpa, traté de frenar, ¡como se le ocurre cruzar por abajo!

—Estaba lejos… muy lejos… —son mis últimas palabras.

Ante mi cadáver estropeado el conductor se agarra la cabeza. No puede comprender como se me ocurrió cruzar la carretera sin usar el puente, es una interprovincial, por ella los vehículos transitan a trecientos setenta kilómetros por hora. Cosas del futuro.

Extraído de “Los tiempos que vendrán

 


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