LA MURALLA

la muralla

En un futuro negro, Buenos Aires se encuentra aislada, una muralla custodia la ciudad para que nadie ingrese o salga; tres ladrones se proponen visitar la ciudad para hacer un negocio pero nada parece muy sencillo.

Por TP Ahumada

 “Es lo que hay”.
Un sobreviviente.

Episodio 1

Creció frente a las murallas que ocultan lo incierto. Las construyeron para que nadie entre o nada salga. Los pájaros la eluden, los gatos no la trepan. Mitos y leyendas se tejen sobre ella, pero son sólo eso, mitos y leyendas.

Episodio 2

Un arcabot mal recauchutado sirve los tragos. La vida o el azar los ha juntado en “La perla fugitiva”, un bar de poca monta establecido sobre la avenida Rivadavia. Otra vez son tiempos difíciles y la propuesta de Jaime se vuelve digna de ser atendida.

—Tengo tres de estos… —afirma el anfitrión mostrándole a sus dos amigos unas fotografías de celular.

—¿Trajes de hombre rana?

—No —responde Jaime— trajes de cosmonautas fabricados en Kiev…

Episodio 3

la muralla

Hace unos cincuenta años, tras “La desobediencia”, el Brenner llegó y destruyo a Buenos Aires por segunda vez. Soltó su viento amarillo contaminándolo todo entre el riachuelo y la General Paz.

Al principio muchos lo intentaron, incluso el ejército. Allí dentro las comunicaciones no funcionan, las brújulas se desorientan y los cerebros positrónicos de los arcabots se sumen en un profundo sueño. En cuanto a sobrevolarla, imposible, muchas citronaves ya han caído. Pensando en la ciudadanía el gobierno acabó construyendo esa muralla.

Episodio 4

Eligen la noche. Ya durante el día Jaime mandó derribar al globo de observación aerostático encargado de vigilar el punto de ingreso elegido. Portan mapas de papel, cargan mochilas y van armados con polvorosas —pistolas a munición de pólvora—. La idea es encontrar dinero, joyas o cualquier cosa valiosa.

Episodio 5

Los trajes funcionan. Todo está impregnado como de azufre. Se cobijan en el interior de una galería comercial y se entretienen allí dentro hasta alcanzado el despuntar del día.

No son profesionales, pero actúan como tales. La primera cuestión es proveerse de un vehículo y, según los viejos mapas, existe una bicicletería frente a la barrera de avenida Rivadavia y Titán Peucelle.

Episodio 6

Allí dentro el gobierno no dispone de ojos y sin embargo, los tres saqueadores se sienten observados. Están en forma, avanzan rápido hacía el distante obelisco, el viento amarillo no ha destruido nada, sólo se ha limitado a matarlo todo.

Episodio 7

El Trust Joyero Relojero, la gran meta.

—Feo, feo… —gruñe Jaime observando de cerca a uno de esos cadáveres desecados desde dentro.

Se desconoce cómo mata el viento amarillo. Existen filmaciones de cómo se desata, pero nada más. Los trajes funcionan y Osvaldo se preocupa.

—Escúchame, Jaime… No digo que seamos tontos pero el gobierno tampoco es idiota… ¿Por qué no han utilizado ellos estos trajes cosmonáuticos?

—Ni idea, pero mirá —responde Jaime señalando las vitrinas atiborradas de buena joyería—, aquí no ha entrado nadie en cincuenta años… Somos los primeros.

Episodio 8

No se entretienen intentando violar la seguridad de las puertas blindadas, ninguno es experto en esa materia y a mano ya hay bastante.

—Cuando se acabe volvemos.

—Yo pienso volver aunque no se acabe. Creí que esto iba a ser muy distinto.

Episodio 9

la muralla

Bajo la capa de polvo amarillo aún se divisan pintadas de los viejos tiempos. No andaba bien Periferia 4 cuando ocurrió “La Intervención”.

Alcanzan Avenida Rivadavia, doblan a la derecha y pedalean con fuerza. Son algunos kilómetros hasta alcanzar la muralla y la vida.

Episodio 10

Al lanzar su Viento Amarillo el Brenner mató a millones de personas y ahora todo ha resultado tan fácil que cuando esos bichos se les tiran encima ninguno atina a creérselo.

Episodio 11

Como siempre, las cucarachas, las eternas herederas del planeta. Cuando sopló el viento todas las vivas murieron, no obstante, su progenie, aquellas ninfas todavía encerradas en la protección de sus huevos, no sufrieron aquel exterminio. Desde hace medio siglo se alimentan de ese polvo tan amarillo como el azufre. Al mutar no crecieron hasta adquirir el tamaño de los hipopótamos, pero si el de una rata grande o un gato chico. Durante su viaje de ida, a esos tres los observaron con prudente cautela; no conocían a semejante especie. En su viaje de vuelta, para el trío resultó distinto porque esas sobrevivientes ya los habían conocido.

Extraído de “Crónicas de Periferia 4”.

 

Todas las imágenes que ilustran este relato pertenecen al sitio Pixabay.

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