LA PAPA VERDE

la papa verde

Desde Chernóbil comienza a llegar una variedad de tubérculo que dota a sus comensales de extraños talentos. Descubrí que se esconde detrás de La Papa Verde.

Por TP Ahumada

“Soldado que huye sirve para otra guerra”
Frase atribuida al ejército italiano.

1

La encontré entre muchas, al principio pensé en separarla, luego imaginé que el no haber visto jamás una de esas sólo era culpa de mi propia ignorancia; finalmente la mandé a la hoya. Hoy preferiría no haberlo hecho.

2

No sé cocinar. Mis contribuciones al arte culinario están limitadas a pelar papas en la previa u oficiar de bachero tras los postres. Debí separarla, preguntar, compartir el descubrimiento, pero no.

—Yo las pelé, déjame elegir.

—Olvídate —respondió Ariana, mi némesis, pinchando esa papa verde para ponerla en su plato.

3

—Hola má, mira lo que te traje.

Difícil encontrar alguna explicación. De coleccionar desaprobados hoy la calificación más baja de Ariana es el diez. Mis padres contentos, yo infeliz.

4

La estudié, la indagué, le pregunté si había descubierto una nueva forma de machetearse durante los exámenes. Esto último no era habitual en ella, su alergia a los manuales siempre fue demasiado poderosa como para atreverse a consultarlos con el fin de armarse un machete.

—Presté atención en clase.

Única respuesta y desde ya falaz.

5

Chernóbil. Hacía demasiado que la televisión había dejado de mencionar a esa ciudad ucraniana.

—¿Por qué comprar papas de esa procedencia, señor Secretario?

—Primero porque están baratas; segundo porque la Comisión Nacional de Energía Atómica las declaró “aptas para el consumo” —respondió el funcionario y cerro la ventanilla polarizada de su flamante Mercedes.

6

Cambio el enfoque de mi investigación. Chernóbil, el accidente nuclear ocurrido durante el año pasado. Una papa verde. Las nuevas calificaciones de Ariana. Esta es la ecuación.

7

Ariana adelgaza, —lo cuál en verdad es absolutamente positivo para ella—, mis padres temen que esté vomitado a escondidas todo lo que mastica.

—¿Te falta mucho?

—No molestes.

Apoyo mi ojo junto a la cerradura. Si la descubro vomitando obtendré otra victoria en nuestra batalla eterna…

8

No estoy preparado para semejante visión. Una gota de sudor frío moja mi frente. No, no le han crecido brazos ni se ha transformado en el monstruo del pantano; aquello es peor.

Sentada en los bordes de la bañera, sobre su regazo se encuentra apoyado un libro —el diccionario de papá—, y lo está leyendo palabra por palabra.

Horrorizado aprovecho la cena para comunicarles a mis padres mi decisión de internarme en un colegio de pupilos.

—Tus deseos son ordenes —aprueba papá mientras mi madre sonríe extrañamente complacida.

9

Los curas son de “bife rápido” pero aquí me siento seguro y muy lejos de Ariana. En alguna ocasión le pregunto a uno de mis compañeros rurales sobre las papas verdes.

—Porteño fanfarrón… —me insulta Miroglio y agrega dirigiéndose a otro pupilo— Che, Parla, mira a este, pregunta por las papas verdes…

Sólo se ríen, no me contestan, disfrutan del momento y, avergonzado, ya no vuelvo a preguntar.

10

En casa las cosas cambiaron. Ariana ya no es flaca ni gorda, su pieza está atiborrada de libros y mis padres contentos.

Yo los fines de semana no salgo del colegio, me quedo con los pupilos que viven muy lejos pero ahora se acerca el receso de verano y deberé volver. No quiero regresar a casa. Mi hermana se está convirtiendo en un Moriarty, en un genio del mal y a mí ya no me da el piné para continuar siendo su némesis. De aburrida va a matarme; una vergüenza.

Extraído de “Cáspita”, capítulos referidos a “Mentalia, la abominable”.


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