LA PESTE AZUL

la peste azul

La llegada de una nueva peste sacude al mundo y mientras algunos se empeñan en resistirla, otros buscan sobrevivir a otra cosa…

Por TP Ahumada

1

Desde la medieval peste negra nada azotó al mundo como la peste azul. Una muerte rápida, apenas tres días de vida desde aparecido el bubón. Nadie sabe de dónde salió o como se generó. Por lo general la gente al bañarse descubre el bulto; redondo, del tamaño de una nuez. Los apologistas del Apocalipsis aseguran que la culpa es de alguna minera, escarbaron donde no debían y liberaron esta muerte.

2

Ante la hecatombe, Eira Domecq decide no cruzar sus brazos. Es una mujer de fortuna dueña de un imperio bodeguero. Sus viñedos están regados por Mendoza, San Juan y La Rioja, pero ella vive en Buenos Aires.

—Cada vez somos menos —afirma Eira observando por la ventana esa calle ayer populosa y hoy apenas concurrida.

—Dicen que en Pekín…

Lisbeth, su esposa, es una crédula y Eira está un poco cansada de ella razón por la cual suele visitar a Kalina.

3

Kalina es joven, asustadiza y costosa. Ante los estragos de la peste azul bajó la guardia y Eira supo aprovechar ese momento.

—Tu mujer quizás tenga razón… nada te cuesta llevarnos a Pekín…

—Mi mujer se está volviendo cada vez más tarada… Vos concéntrate en no seguir sus pasos…

Disponer de una amante es algo nuevo para Eira. Ella siempre le ha sido fiel a Lisbeth como Lisbeth siempre le ha sido fiel a ella, pero llevan casadas más de veinte años y el tiempo es tirano.

4

La cita es en “El Molino”. El lujo de un ayer ya muerto ha regresado del olvido. La mantelería, esa vajilla rescatada al moho…

—Sólo serán diez parejas.

Quien habla es Augusto Paliendro, un genio de las finanzas.

—He pagado bastante para lograr un pronóstico sobre los tiempos que vendrán y ya he iniciado la obra, pero necesito más inversores y por eso te propongo que te sumes al proyecto…

Eira escucha con mucha atención, Augusto Paliendro no es hombre que pise en falso ni gaste su dinero en quimeras.

—Compre un viejo club de planeadores en Merlo, allí ya están escavando…

Una capsula de tiempo enterrada a cien metros de profundidad; en esto consiste la propuesta.

—Ni los Rockefeller saben cómo salvarse de esta epidemia… Han decidido hacer lo mismo que estoy haciendo yo… Los pronósticos son muy malos… La ciencia no acierta… hablan de una proteína, hablan de una bacteria…

Cierran el trato.

5

El día del descenso llega. Sera una siesta de mil años y Eira continua indecisa entre la fidelidad y la lujuria.

—Voy al quiosco, ya vuelvo…

6

Pasaron tres días desde que su esposa se marchó al quiosco. Lisbeth intuye que Eira sostiene un amorío con Kalina, una gigoló hermosa. Duda. Telefonearle es poner todo en evidencia y a Lisbeth no le gusta enfrentar los problemas. Mira por la ventana, Buenos Aires cada vez más gris. Un miedo, un impulso. Recoge el celular, activa el número de Kalina.

—Hola, soy Kalina, ya no vivo aquí, igual déjame tu mensaje.

Corta la comunicación. Vuelve su vista a la ventana y comienza a llorar.

Extraído de “El infierno era una fiesta”.


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