LA SINGULAR SUERTE DEL SOLDADO GARRIDO

LA SINGULAR SUERTE DEL SOLDADO GARRIDO

Por T.P. Ahumada

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La Royal Navy ya está allí bombardeando las islas y todos los soldados, menos uno, enterrados hasta las orejas en sus pozos de zorro. En cuanto al “menos uno” no era otro que el soldado clase ’62 Garrido, él andaba de aquí para allá, tentando a la suerte, despreocupado de ser despedazado por algún pepazo.

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Según entiendo existen los hombres con buena suerte, los perseguidos por la mala suerte, los sin suerte y, por último, el soldado Garrido.

A un día de nacer, su padre ganó el pozo grande de la lotería y entonces se mudaron de Villa Ballester a una mansión en Belgrano.

Años más tarde, con la aparición del PRODE[1], papá Garrido le pidió a su hijo que llenara una boleta. Ninguno de los dos sabía nada de fútbol y otra vez un montón de dinero se materializó de la nada.

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A los once años, Garrido tomó conciencia de desconocer el fracaso. A esta edad, el descubrimiento le causó una sonrisa que se borró definitivamente de su rostro al cumplir sus dieciséis.

Imposible perder un desafío siquiera jugando a la bolita, siempre las mejores notas, el mejor bailarín, el mejor gimnasta. Quien lo conocía quería volverse su amigo mientras a la hora de las chicas, le bastaba responder una mirada furtiva para cautivar a la más linda de la división, del colegio, del club o de la fiesta. Su libreta de calificaciones resultaba ser una imbatible colección de dieces, la máxima nota.

Aburre ganar siempre, y por eso, en algún momento de sus mocedades buscó obtener el fracaso, pero este lo esquivó.

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En 1980 la clase ’62 fue sorteada y, al obtener un número alto, Garrido imaginó haber vencido a su suerte, pero esto no era tan así.

En realidad, todo el mundo quería salvarse del servicio militar y él se engañó creyéndose parte de ese deseo general cuando, secretamente, deseaba ser soldado para demostrarle a su suerte que en verdad era falible. Más la suerte había deparado en ese oculto detalle y Garrido se vistió de verde.

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Leía el diario en el detal cuando se le ocurrió la idea de padecer un infortunio muy grave, uno lleno de mala suerte.

1982, una disputa entre unos chatarreros argentinos acantonados en las Islas Georgias británicas tenía pinta de mecha.

Garrido quedó prendido de la idea, hasta que, a los pocos días, específicamente el 2 de abril, fuerzas militares argentinas reconquistaron las islas Malvinas dando inicio a una guerra con el Imperio Británico.

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Su regimiento es movilizado, desembarca en las islas, comienzan los combates. El miedo cunde entre sus compañeros, incluso él teme cuando nota que su impronta está presente otra vez.

Inútil descuidar la limpieza del fusil, su FAL no sabe trabarse; ofrecerse de voluntario para hacer guardia en el peor puesto, tampoco sirve. Incluso en algún momento los gurkhas se le vienen encima, pero lo sobrepasan sin notar su existencia.

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Acabado el conflicto, derrotada Argentina, el soldado Garrido se siente culpable de todas esas muertes banas mientras él sale de él sin medallas ni rasguños.

Los libros de historia dan razones sobre las causas de esa conflagración, más el soldado Garrido es el único que sabe la verdad. Deseo vivir una catástrofe y su suerte le concedió el deseo: una guerra.

TP Ahumada. “Crónicas del elefante araucano”.

[1] PRODE: Pronostico Deportivos. Sistema de apuestas futbolísticas creado por Lotería Nacional en 1972.


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