LA ÚLTIMA NAVIDAD DE OESTERHELD

LA ÚLTIMA NAVIDAD DE OESTERHELD

Compartimos un probable relato sobre La última navidad de Oesterheld, tal vez sea cierto, tal vez sea un mito, pero como siempre, optamos por imprimir la leyenda.

Por Nahuel Billoni

El dolor en las articulaciones era habitual, pero el tobillo derecho molestaba más que de costumbre. Caminó unos metros temerosos sin descartar una nueva crueldad.

Pero era cierto: habían liberado el patio. Todos (los que quedaban) estaban ahí: El Rulo, Marita, el gordo Joaquín, Pelo, el Tarta, la Doctora, el Vasco y las dos chicas recién llegadas.

Escuchó la voz de Benítez, el más humano de los inhumanos. No queremos líos, queremos estar tranquilos y pasar una navidad en paz.

El Rulo, siempre más gallito que el resto, preguntó de qué se trata. El espíritu navideño, respondió Benítez y aparecieron un par de pan dulces, dos sidras y una bandeja con más grasa que asado.

Para que no quedaran dudas, Benítez con voz castrense ordenó: ¡a celebrar, carajo,  viva la navidad, viva el niño Jesús, viva la patria! Miró sonriente: ¡Y viva Perón!

Antes de irse, apuntó con su dedo a El Viejo, usted queda a cargo, ¿entendido?

Desconfiados, tardaron unos minutos en hablar.

El Rulo rompió el silencio. Compañeros, es noche buena, brindemos, algo de festejo no nos vendrá mal. Destapó la sidra. Todos se rieron con el sonido del descorche. Levantó la botella frente a todos. Antes de decir salud prefirió otorgarle ese honor a El Viejo.

El Viejo caminó unos pasos hacia adelante, sintió el tobillo frágil y tomó la sidra con sus débiles manos. Miró a cada uno de los presentes. Pensó en sus cuatro hijas, en Elsa, en la casa de Vicente López y en todas esas aventuras inconclusas.

Siempre fui mejor escribiendo que hablando, dijo, así que les voy a cantar, pido disculpas anticipadas por mi averiada afinación. Sonrío y con voz quebrada comenzó a cantar.

Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras, de mi calle, ayer a oscuras, y hoy sembrada de bombillas; y colgaron de un cordel, de esquina a esquina un cartel, y banderas de papel, verdes, rojas y amarillas…

Y todos cantaron, brindaron y abrazaron hasta que se terminó la fiesta.

Y no nevó, pero la muerte llegaría de todos modos.


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