LOS ALEGRES PERDEDORES

los alegres perdedores

En este hermoso bar suelen concurrir Los Alegres Perdedores que todos queremos, vos también podés conocerlos leyendo este nuevo relato.

Por TP Ahumada

“Los líderes aceptan la culpa, los perdedores se la pasan a otro”.
Rick Warren

Capítulo 1

Comenzaron siendo dos, ahora son todo un club. Vienen los veranos, duermen en la playa, montan carpas, unos pocos se alojan en la Hostería de los Hermanos Paleo, allí los tienen cortitos, pero pernoctan sobre un colchón. Cenan en el Bucán y pagan en efectivo. Beben mucho, ríen bastante y ninguno le pregunta al cofrade sentado a su lado “cómo te fue este año” porque de antemano ya se sabe la respuesta.

Capítulo 2

—Se nos fue Pereyra.

—¿Qué le ocurrió?

—Lo ascendieron a gerente y cambio de actitud.

Aquella noticia amerita la solemnidad de un brindis. Cuando alguno deserta hacen eso. Piden “vino de la casa”, se ponen serios, chocan copas y de inmediato vuelve la jarana.

Capítulo 3

No son vagabundos, casi todos cumplen con sus empleos y sus familias; pero una vez al año se toman una semana para reunirse aquí. Además de insatisfacciones y deseos no cumplidos comparten cierta excusa… “Si no fuera por…”

Capítulo 4

Aquel año un hombre oscuro llega del norte. En lugar de alojarse en la Hostería alquila una casa por todo el verano. Cena en el Bucán trayéndose consigo a ese perro que no ladra.

Jamás confraterniza con ellos, pero no pierde detalle cuando algún cofrade narra otra historia sacada de esas vidas cotidianas malogradas. No ríe, no se enfada, sólo escucha y come.

Capítulo 5

Jueves, afuera llueve, adentro todo es consternación. Los alegres perdedores están aturdidos. Durante el día, cada uno de ellos ha recibido noticias extremas. Un ascenso, un divorcio, un sí te quiero.

—Esto cambia mi vida… Nunca imaginé que…

—Yo tampoco esperaba esta noticia… hace como quince años que me postergan y ahora, estando de vacaciones, me avisan…

Asustados cambian impresiones, todos entienden que es el final de este club.

Capítulo 6

Juano, —tabernero y dueño del Bucán—, nota que mientras el desasosiego impera entre los cofrades el hombre oscuro sonríe con la satisfacción de haber hecho un buen trabajo.

—Se irán mañana temprano y ya no volverán…

—Eso espero, pero nunca se sabe… a la mala suerte se la busca y estos están enamorados de ella… mírelos… parecen desahuciados cuando en verdad a cada uno se le ha cumplido un anhelo…

—Y usted, ¿Cómo lo sabe?

—Presto atención a lo que escucho.

Capítulo 7

El vaticinio se cumple. Por la mañana, montan sus vehículos y parten para no regresar. El balneario queda casi desierto más el hombre oscuro sigue aquí en compañía de su perro que no ladra.

—Creí que usted también se marcharía.

—¿Por qué dice eso?

—No sé… quizás porque a todos les cambió la suerte durante un mismo día… Se me hace que usted tiene algo que ver… No es factible semejante coincidencia.

—No les cambió la suerte, sólo se quedaron sin excusas… Y cuénteme usted, don Juano, cuál es su anhelo nunca cumplido.

—Yo estoy bien así… —renuncia el cantinero a la oferta de padecer un milagro.

Capítulo 8

los alegres perdedores

Hasta el final del verano el cantinero no vuelve a cambiar palabras con él. Silente —temeroso— atiende sus pedidos o le sirve el whisky bueno del “hasta mañana”.

—Última oferta, mañana me voy.

—Ya le hice entender que no.

Capítulo 9

Esa noche la mesa frecuentada por el hombre oscuro esta vacía; él y su perro que no ladra se han marchado de la villa balnearia.

Juano se distiende, su sonrisa de cuatro dientes al frente vuelve a imperar en su rostro. La experiencia le ha permitido enterarse que está bien con su vida; que no busca escusas para mantener los brazos abajo, que el Bucán siempre fue su anhelo y ya lo tiene.

En cuanto a quien era o que es ese hombre oscuro, el cantinero sospecha de algún mago aburrido o de un eterno cansado de caminar la tierra que ahora se entretiene ensayando trucos nefastos.

Extraído de “La cofradía de los hermanos del Bucán; —relatos de un cantinero—”.


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