OTRO CUENTO DE NAVIDAD

OTRO CUENTO DE NAVIDAD

Desde algún rincón del mundo, nuestro escritor favorito nos trae una nueva historia, en esta oportunidad con tintes navideños, pero como siempre, no todo es lo que parece en Otro cuento de navidad.

Por TP Ahumada

1

Todos lo habían negado y de repente apareció. El caftán verde, la caperuza, las botas cosacas, la bolsa a la espalda. No reía y su rostro era tan serio como el de un filósofo alemán.

—Tú me llamaste, vine por ti.

Aquello me espeluznó. Sentí que la muerte había confundido sus ropajes y aquí estaba sin guadaña.

2

El mal tiempo y los submarinos alemanes nos obligaron a recalar en este puerto perdido. Ni siquiera formamos parte de esta guerra, pero aquí estamos anclados en diciembre.

Miro al cantinero imaginando que todo esto se trata de una broma o una tradición local. El noruego está tan pálido como yo.

—Vine por ti.

—En casa sólo festejábamos “reyes” —atino a decir negándome a sostener esa mirada hundida.

—Tú me llamaste, —insiste el anciano apoyando su bolsa en nuestra mesa.

3

Afuera la ventisca y la nieve. Adentro una flaca concurrencia ahora expectante.

El viejo comienza a buscar en el interior de su bolsa mientras yo me pregunto cómo es que lo llamé.

Entonces recuerdo el momento exacto.

4

Las olas barriendo la cubierta del “Zapiola”, y yo, marinero bisoño, me imaginé en el fondo de este mar helado, y entre todos los santos del mundo elegí pensar en San Nicolás, en Papá Noel.

5

Sus ropas longevas manchadas de nieve como afirmando la presencia del invierno.

—Tú me llamaste.

—Sólo fue un pensamiento —balbuceo tímido y asustado como un niño en noche buena.

—Si… nostalgias… te escuché bien… miedo a morirte tan lejos de casa en ese buque falto de recuerdos… Pero pensaste en mí y aquí estoy.

6

No se marchó en trineo sino a pie. Todos en la cantina estaban mudos de asombro. No faltaba alguna risa nerviosa y yo entre mis manos sosteniendo ese obsequio. Un disco estampado con el perro junto al gramófono. Dentro, la voz de Gardel interpretando un tango de Le Pera. Allí estaba todo. Las penas, los olvidos, las alegrías, la gente. Todo en lo que yo había pensado cuando creí que el “Zapiola” estaba por hundirse.

La suerte nos acompañaba, el cantinero disponía de un aparato y todos los allí presentes escuchamos evocando nostalgias felices esa interpretación de “Mi Buenos Aires querido”.

 

TP Ahumada. Extraído de “Ultramundo”.

Podés acompañar el relato escuchando…


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