VENTRÍLOCUOS, CHUCKY Y MILLI VANILLI

VENTRÍLOCUOS, CHUCKY Y MILLI VANILLI

VENTRÍLOCUOS, CHUCKY  Y MILLI VANILLI – A partir de un libro se hacen varias misteriosas conexiones entre ventrílocuos, el humor absurdo de los 2000, músicos ingleses y un par de chantas, para saber cómo llegan de un punto a otro no hace falta más que leer más abajo.

Texto: Nahuel Billoni
Ilustración: Manulo Castro

Gente grande que juega con muñecos es el subtítulo de Ventrílocuos, el libro escrito por Daniel Riera, uno de los responsables de la Revista Barcelona, periodista y exquisito autor de crónicas y ensayos. El libro narra el camino de Riera desde su etapa como aprendiz hasta su presentación más importante como ventrílocuo; en el medio el autor indaga sobre el universo de los muñecos, conoce a los principales protagonistas y repasa las principales menciones en la cultura pop.

Los ventrílocuos odiarán esto, pero la primera imagen que se me viene a la cabeza es la de Beto Tony y su muñeco, aquel personaje de Todos Por Dos Pesos interpretado por Fabio Alberti (como corresponde, es abordado en el libro).

En YouTube hay cientos de videos, algunos son buenos, otros patéticos y algunos generan más miedo que risa. ¿O acaso Chuky no era un muñeco?

Riera explica que el término “ventriloquia” viene del griego y significa hablar por el vientre, es decir, sin abrir la boca. El muñeco abre la boca y habla por el hombre, mientras éste intenta no mover los labios y acompañar la acción con sutiles gestos y movimientos de ojos. Pienso en otros casos, los escritores de canciones que no cantan sus canciones, ¿practican una especie de ventriloquia? Por ejemplo, ¿cuantos saben quién es Bernie Taupin autor de muchos de los temas más célebres de Elton John?

El caso de Milli Vanilli es uno de los más recordados por burdo, falso y estrafalario. En 1987 el productor alemán Frank Farian descubrió a Fab Morvan y Rob Pilatus,  dos tipos que se vestían bien,  bailaban bien y se veían bien, el detalle era que no cantaban. ¿Qué hizo el simpático de Vanilli? Contrató a un par de vocalistas y músicos para que toquen y graben mientras Fab y Rob eran la cara del proyecto, salían de gira, grababan video clips y se cansaban de hacer playback. ¿El resultado? Un tremendo éxito: vendieron miles de discos, sonaron en todas las radios y hasta ganaron un Grammy. Pero como cantaba la Cantilo, nada es para siempre, en 1990 el verdadero cantante  Charles Shaw, brindó notas contado la farsa. Hace años E! solía repetir el especial sobre la historia de una de las estafas más rimbombantes en la industria de la música norteamericana.

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