WAR DISNEY FALKLAND

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El War Disney Falkalnd abre sus puertas: juegos, corporaciones, soldados, batallas, magnates, celdas y mucho más en nuevo relato asombroso de TP Ahumada.

Por T.P. Ahumada

1

Los emboscamos y los llenamos de pintura roja pero los suizos resultan malos perdedores y —pese a las costosas multas— nos masacran.

Dejo el FAL y mi bayoneta, —ambos cuentan con localizadores—, me arrastro y alcanzo un pozo de zorro cavado durante el siglo pasado. El fondo está húmedo, los suizos festejan.

A ellos les gusta coleccionar orejas y allí tienen a once argis bien muertos. En la jarana no se dan cuenta que el sargento falta.

2

Tres años atrás compro media docena de huevos, —por el precio parecen haber sido puestos por la gallina de los huevos de oro—; el verdulero los envuelve en un papel de diario y ya en casa noto el anuncio:

 “Joven argentino, si tienes entre 18 y 72 años la Walt Disney Company te espera”.

A pesar de la fecha del periódico decido presentarme.

3

Las oficinas ocupan el piso 53 de la Torre Trump. Un robote importado de los United States me señala una sala donde esperan unas pocas personas, todos saben tanto como yo: nada.

También importada de los United States, la reclutadora habla un español saturado de modismos puertorriqueños.

—Nos gusta su perfil, sirvió en la infantería de marina; sabemos de su problema hepático, pero no nos interesa porque los costos de salud corren por su cuenta… La paga no es en dólares ni en euros, sólo moneda local y el día de cobro es el viernes. Si no sobrevive, su salario se reduce al cincuenta por ciento…

El descriptivo dura exactamente quince minutos y termina con la frase “vale herir”.

4

Nacen las primeras estrellas en el Atlántico Sur. Tengo frío, estoy húmedo, muevo mi mano y noto algo sobresaliendo del barro. Es una bayoneta, una de verdad, desenfundada todavía muestra la grasa negra de las armerías. Algún soldado la abandonó allí durante la guerra de 1982. De seguro perteneció a un correntino, la dejó afilada como una hoja de afeitar Gillette.

La inserto en el tali vacío. Nuestras armas sólo pintan, las usadas por los suizos matan.

Vale herir”, suena en el recuerdo la voz de mi reclutadora.

5

Después de los posliberales llegaron los populistas y actualmente los “verdes” ocupan “La Rosada”. Todos prometieron terminar con la crisis, pero ninguno supo cómo.

—Por el momento sólo nos interesan las islas Gran Malvina y Soledad… quizás más adelante la exclusividad del espacio aéreo y su entorno marítimo —explica Mister Donald, representante plenipotenciario de la Walt Disney Company.

Tras treinta años de brexit y con Escocia autoexcluida del Reino Unido, Gran Bretaña sufre; debido a esto, Lady Anson, se encuentra en esa suite del Hilton Barra Río de Janeiro.

—Allí murieron argentinos —señala la canciller María Rosa Pinedo.

—Y le prometo que van a continuar muriendo… —afirma Míster Donald.

Desde hace años la Disney sueña con montar un parque temático bélico; en algún momento pensaron en comprar Vietnam, pero finalmente optaron por las Malvinas, un territorio más acotado.

—Es un contrato por diez años, setenta por ciento para Inglaterra, treinta por ciento para Argentina.

El acuerdo se firma y pocos meses más tarde el “War Disney Falkland” es inaugurado.

6

Me asomo, estoy en medio de una turbera, los suizos no están lejos, ya duermen mientras la frase “vale herir” en el recuerdo muta. Desorejaron a todo mi pelotón. “Vale herir”… “vale matar”… ahora tengo con qué.

Agazapado primero, arrastrándome después, los alcanzo, los observo. Vivaquean junto a una cocina de campaña británica carcomida por el óxido. No esperan un contraataque, todos están enfundados en sus bolsas de dormir calefaccionadas, nadie hace guardia.

No pierdo tiempo porque no lo tengo. Degüello al primero, salto al segundo y desaparezco. Ellos disponen de visores nocturnos, nosotros de las estrellas y la luna.

7

Buenos Aires, Torre Trump, piso cincuenta y tres; la alarma suena durante esa madrugada y la responsable regional, Miss Garrison, ya está en contacto virtual con Port Stanley.

—Cómo sucedió… ¡dos clientes muertos!

—Estamos tan sorprendidos como usted Miss Garrison… siempre revisamos bien a los argis antes de mandarlos en misión… no se les permite portar ni siquiera una navaja suiza…

—¿Saben quién fue?

—Sospechamos del sargento Ardiles… es el único sobreviviente de su pelotón… los argis habían ganado la partida, pero los suizos decidieron pagar la multa…

8

Tres naves de suspensión gravitatoria parten en mi búsqueda, resistirse es fútil, disponen de escáneres y tecnologías de última generación; además, están tripuladas por yanquis que cobran en dólares. En cuanto a los suizos, quedan atrincherados en su vivac; de salir a buscarme, nada.

La cacería dura menos de media hora, suelto la vieja bayoneta, alzo bien alto mis manos y acabo en el calabozo.

9

La noticia corre por el mundo entero, me dan quince años en el recientemente reestrenado penal de Cierra Chica. Durante el juicio yo sostengo que si vale herir también vale matar, pero la jueza reacciona mal ante mis disquisiciones semánticas y falla en mi contra sin golpear un martillo. No me quejo, tengo techo, comida y sistema de salud; todo gratis.

10

Nervios, ojos rojos, la tensión crece en el piso cincuenta y tres de la Torre Trump mientras aguardan la inminencia de un contacto virtual.

Miss Garrison, los sucesos en “War Disney Falkland” nos tienen a todos sorprendidos, nunca imaginamos que usted…

La mujer traga saliva, ha renunciado a vomitar una catarata de excusas; estoica vivirá su final.

—Usted Miss Garrison, como decirlo… Aquí en California… nosotros…

Míster Donald estira las palabras poniendo un poco más nerviosa a la responsable local de War Disney Falkland. Quince años de carrera que acabaran en la prisión federal de Guantánamo.

—Ya no la queremos en Sudamérica Miss Garrison… Usted nos abrió los ojos… toda esta mala prensa ha potenciado el negocio… nuestros sitios en las redes sociales colapsaron… miles de clientes quieren esto, enfrentarse a argis armados de verdad…

Una risa nerviosa escapa de sus labios delgados. El fantasma de ser judicializada se desdibuja. Aquí está pasando otra cosa.

—Están redactando su nuevo contrato como directora general de proyectos especiales… Trabajará aquí, en casa matriz, en California… Ya quisiera yo tener sus agallas Miss Garrison, pero no las tengo… La felicito y aquí va una hurra por su asenso… La queremos aquí el viernes.

11

A Cierra Chica todo llega tarde. Aquí no me tratan mal, sin embargo, por las dudas, me uní a un clan carcelario, el “Faca larga”. De quince años ya he cumplido seis meses cuando me pasan este ejemplar viejo de un matutino abocado a la realidad mercantil.

—Mirá esa foto, Ardiles, se parece a vos —señala el bibliotecario al entregarme el tabloide.

La nota versa sobre el éxito comercial obtenido por la “War Disney Falkland” tras implementar la modalidad “respuesta de guerra”, una opción donde para los argis también “vale matar”. En cuanto a la ilustración, es el bronce de un soldado forjado a escala natural. Sostiene una bayoneta en su mano mientras a sus pies, en el pedestal, puede leerse un eslogan “sin piedad”.

Estudio el artículo, vuelvo a la fotografía. La escultura está decorando la rambla de Port Stanley; un argi interpretando su mejor “cara de guerra”; las cejas, los labios, la cicatriz bajo la nariz… es mi rostro…

12

Maté a dos suizos y la “War Disney Falkland” quintuplicó sus ingresos en un solo semestre, negoció los derechos por todo el archipiélago y ya está construyendo aviones retro.

—Me dieron quince años y allá en Malvinas hasta me levantaron una estatua… ¿por qué no me lo contó doctor?… ¡Con esto podemos apelar!

Mi abogado de oficio demora en contestar, pero al fin clava su mirada en la mía y dice:

—No quería importunarlo con falsas esperanzas, Ardiles, su caso está perdido, cuando usted mató sólo “valía herir”.

 

TP Ahumada, extraído de Crónicas de Periferia Cuatro. Los tiempos anteriores.


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