WHISKY SIN CANADÁ

WHISKY SIN CANADÁ WHISKY SIN CANADÁ

Espacio, la última frontera. Infinito, silencioso… esperando. Esta es la historia de la Comandante que prohibió el alcohol a su tripulación: Whisky Sin Canadá.

Por TP Ahumada

Whisky que no has de beber, déjalo correr.
Hiram Walker.

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Episodio 1

La tripulación al borde de un colapso nervioso, la comandante se extralimitó otra vez, una amenaza y el motín a punto de estallar. Imposible hacerla entrar en razón, ya mandó a los arcabots realizar la requisa.

Episodio 2

Nos perdimos. No fue su culpa, está en nuestra sangre. De las estrellas circundantes no conocemos ninguna. Dos años debía durar la misión autorizada por la Santa Confederación de Planetas y entonces la anomalía. Un sacudón, sólo eso percibimos y desde aquel momento los caprichos.

—Comandante en el puente.

Un arcabot la presenta. La tensión es absoluta. Ni oficiales ni tripulantes se cuadran ante el anuncio.

—¿Qué pasa?… ¿Se olvidaron de los reglamentos?

Episodio 3

No hay confabulación. Es pura culpa suya. Ya bastante tenemos con saber que ignoramos dónde estamos. Una misión de dos años convertida en “para siempre” y ella hostigando y hostigando.

SIN CANADÁ WHISKY SIN CANADÁ

—Señor Tarquinos, ponga a la dársena en pantalla.

La oficial Tarquinos obedece. Todos miramos hacia la pantalla.

Un arcabot aguarda la orden junto al resultado de esa requisa matinal y sorpresiva. Decir “matinal” es puro protocolo, aquí no hay días ni noches; sólo espacio sideral.

Episodio 4

—Señor Merino, comuníqueme con la dársena.

La oficial Merino no obedece. Contemplar todas esas botellas a punto de ser lanzadas por la borda le provoca la caída de una lagrima.

—Señor Merino…

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Y esas fueron sus últimas palabras pronunciadas desde el sillón de mando.

Episodio 5

La decisión absurda, la promesa de cumplirla y esas manos que la apresan para arrancarla del sillón y en andas retirarla del puente.

Soy el segundo de abordo y me hago cargo. Nadie se opone.

—Señor Merino, comuníqueme con la dársena…

La orden se cumple y yo le ordeno a los arcabots regresar todas esas botellas requisadas a sus correspondientes dueños.

Martinis Bombay; cañas Aristócrata; pizco elaborado por los Artesanos del Cochiguaz; ginebra Bols y mis preciosas botellas de whisky. Sí, yo también formo filas entre sus víctimas.

Episodio 6

Se le ocurrió en lo que en esta cosmonave llamamos ayer. Una idea absurda, indebida.

—Es genial —dijo ayer— seremos la primera tripulación periferocuatriana conduciendo una cosmonave “libre de alcohol”.

—No es buen momento, comandante… Sólo han pasado treinta días desde la anomalía… La tripulación necesita distenderse de alguna manera… ¡Yo necesito distenderme de alguna manera!

—Cuide el tono, señor Llorente.

Sí, soy uno de esos Llorente; mi familia es dueña del whisky “Los Criadores”, el de la etiqueta con las tres vacas.

Episodio 7

Al principio muchos protestan, luego todos aplauden. Organizar ese Consejo de Guerra riega la moral.

—Por culpa suya ya estamos todos condenados… A la Santa Confederación de Planetas no le gustan los motines y menos si los promotores pertenecen a los conglomerados de estados periféricos…

—Claro que sí, señor Llorente… primero dispararan, luego preguntaran —afirma la comandante entre risotadas histéricas.

Menos los arcabots y los ciborgs canicas, toda la tripulación está aquí. Para lograr mejor efecto filtré un rumor: la posibilidad de condenarla a calabozo perpetuo. Prolongo el momento y doy la sentencia.

Episodio 8

Tras ser arrojada al espacio desprovista de escafandra, declaro una jornada de asueto y comienzan los brindis.

Rostros felices, la preocupación de encontrarnos en medio de la nada postergada hasta que comience eso que nosotros llamamos mañana.

—Creí que la iba a perdonar.

—No era posible… Mírelos señor Tarquinos… mírese usted misma… —sugiero clavando la vista en esas piernas dibujadas a partir de su minifalda—. Primero la ocurrencia de la veda y ahora la requisa… Imposible mantenerla a bordo… Antes de cosmonautas fuimos marinos… ¿Conoció usted muchos marinos amantes de la abstemia?

Una sonrisa, la mezcla de productos etílicos da sus frutos, y termino en su cama.

—Mire comandante, es ella —señala la oficial hacia el ojo de buey dispuesto en su camarote.

Amargada, chupada, los ojos reventados. Como esos pequeños peces que acompañan a los tiburones la antigua comandante se ha pegado a la cosmonave quizás pretendiendo volver a ocupar su lugar en el puente.

—Qué mujer testaruda —comento cerrando las cortinas para refugiarme en los sabores de ese cuerpo renacido al éxtasis del whisky.

Extraído de “Crónicas de Periferia Cuatro”.


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